
Y los dioses del fútbol, caprichosos, me concedieron la bendición de poder ver levitar con una pelota a Diego Maradona, el sueño del pibe, una escultura maciza de Botero, un pie de seda envuelto en una carrocería de mantecas, el fútbol de barrio elevado a su máxima expresión. Vi al Cebollita que soñaba jugar un Mundial y consagrarse en Primera porque, tal vez, jugando pudiera, a su familia ayudar. Vi al barrilete cósmico de Victor Hugo Morales en plenitud, en el Azteca, reescribiendo el signo de la guerra de Las Malvinas, donde los ingleses iban con tanques y los argentinos iban con cañones de chocolate. Vi cómo se convirtió en el orgullo de los napolitanos -a los que recibían al grito de 'lavati' en el norte de Italia-, refundando Nápoles como corte de sus milagros. Y antes de que, como le cantara el Potro Rodrigo, la fama le presentara una blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer, vi a su zurda desafiar a ley de la gravedad, reventar cualquier domingo y hacer volar una paloma por el ángulo. Pero Messi es más.
Dicen que Messi no existe sin Xavi Hernández y sin Andrés Iniesta, que solo es la descarga eléctrica que llega como consecuencia de esos dos hilos conductores. Dicen que no es profeta en su tierra y que es un 'pechofrío'. Dicen que tiene menos mística que Pelé, aquel moreno que pateaba planetas y remataba meteoritos. Dicen que no es Di Stéfano, ese mito de Sísifo, ese hombre-orquesta, ese Atila de blanco que no ganó el Mundial. Dicen que no tiene la frenada de Cruyff, el junco endiablado que revolucionó el fútbol, pese a que tampoco besó una Copa del Mundo. Dicen que no es tan iconoclasta como Maradona, que jamás hará campeón a un equipo pobre, que no tendrá su trascendencia social, que le falta un punto de su rebeldía y que tiene menos palabra que un telegrama. Dicen. Pero nadie jugó tan bien y durante tanto tiempo. Nadie fue Pelé a todas horas, nadie fue Maradona cada domingo, nadie tuvo el desequilibrio de Cruyff en cada partido y nadie fue tanto como Di Stéfano en las grandes citas. Nadie añadió tanta regularidad a tanto talento, esparciéndolo y derrochándolo en cada partido, como una fiesta para los ojos del planeta. Leo es infinito. No conoce sus límites, si es que los tiene. Messi siempre es más.
Rubén Uría / Eurosport
y sigue igual...muchos títulos más...muchos goles más...muchas asistencias más....y ya con casi 29 años...en fin...un genio...un crack...el mejor de la historia sin discusión....
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